The Dark Side of The Moon

                            TD

En estos tiempos de Alejandros Sanz cubiertos de Siropes e insensateces, de productos audiovisuales Edurnescos de calidad lamentable y de Paquirrines músicos a seis mil euros el bolo, quizá resulte hasta ridículo escribir en un blog acerca de música.

Otro día me tomaré el tiempo necesario para desarrollar unas lineas respecto a tales especímenes, pero hoy, dado que es mi primer post en unos años, prefiero disfrutarlo y hablar de música. De música de verdad. De esa que marca y trasciende épocas y estilos.

Hoy voy a escribir unas lineas sobre el que, para mi, es el mejor álbum de todos los tiempos. Repito, para mi.

En Marzo de 1973, una banda británica que, al menos, nos suena a todos, Pink Floyd, lanzaba al mundo, para regocijo de unos cuantos chalados, el álbum conceptual “The Dark Side of the Moon”. Poco después los chalados se contarían por legiones.

Uno que, en su modestia, compone cosas, o descompone, mataría, daría cualquier cosa a su alcance por hacer algo que se asemejase en una milésima parte a tamaña obra maestra de los señores Waters, Gilmour y compañía.

“The Dark Side of The Moon” es, para mi, sin duda, EL ÁLBUM.

Siempre pensé que lo ideal de un disco sería que tuviese una evolución en sí mismo, que me contase algo de principio a fin, que fuese como un libro en el que no tenga sentido leer el último capítulo sin haber leído antes todos los demás, donde carezca de coherencia escuchar tres canciones sueltas. Un disco, aunque fuese de rock, sería perfecto si fuese como una ópera, en la que no puedes prescindir de un acto y valorar solamente el aria de la soprano. Ese, para mi, es el concepto ideal de álbum en la música.

Ni que decir tiene que este disco no es el único que se ha hecho en ese modo, los mismos Pink Floyd han hecho varios, pero tal vez este siempre me ha impactado más que el resto porque fue el primero que me hizo ver la verdad, el primero que me hizo sentir música majestuosa y el primero que me proporcionaba música con un sentido narrativo.

Sus 43 minutos de música casi ininterrumpida son grandiosos, desconcertantes, locura en su época, tendencia desde entonces. Creo que estos muchachos medio colgaos cambiaron la historia de la música en esos 43 minutos. Y además lo cogieron por costumbre, porque luego cambiaron la historia del rock en varias ocasiones, proporcionando a la humanidad varios de los álbumes más memorables que quedarán para siempre. Música ya arraigada en el subconsciente popular de alguna manera.

El ingeniero de sonido de este álbum era un tal Alan Parsons, que no sé si os sonará de algo. Responsable en gran parte de esta maravilla. Sobre todo responsable de que una grabación que, dada la época, no fue nada fácil, suene de forma tan increíble. Esa mezcla en la que cada cosa está presente en su justa medida y perfectamente definida. Recordemos que es una de las primeras veces en que se usaban sintetizadores analógicos, grabaciones multipista y algunas cosas más que en aquel momento no eran tarea sencilla para el señoriño de turno.

Por cierto, se grabó en los estudios de Abbey Road en Londres, donde se rumorea que se ha grabado algún que otro disco bueno.

Pero todo eso son tecnicismos y curiosidades que solo nos importan a unos pocos enfermos mentales. Por encima de todo ello está la verdad de la música, la grandeza de las composiciones, lo poético de sus letras, la clarividencia y sensibilidad de la guitarra de Gilmour. Esa manera que este disco tiene de envolverte de principio a fin y llevarte a diferentes estados de ánimo, diferentes mundos en ti mismo.

Nada extraño en un disco cuya temática ahonda en las miserias y temores del ser humano. La contradicción, la soledad, la envidia y la avaricia, el temor a envejecer, la fina linea que nos separa de la enfermedad mental, la muerte.

Alguien puede pensar que con esa temática debe ser un disco deprimente, pero no. Todo lo contrario. Personalmente me transmite muchísima paz, me hace desahogar mi rabia por momentos, ver con esperanza ciertas cosas que pueden no ser tan terribles. Lo que tiene la poesía, hecha con una pluma o con una guitarra y una voz, es que tiene tantos sentidos diferentes como seres la leen o la escuchan.

Y a veces, en la poesía también encontramos versos simples, salvajes pero desgarradores y ese es el caso de la improvisación de Clare Torry en el tema “The Great Gig in the Sky”. Dicho de forma simple, es un grito. Pero qué grito. Al parecer, la chica salió de la pecera llorando después de improvisar esa maravilla porque creía haberlo hecho fatal. Naturalmente los demás estaban atónitos y esa grabación fue definitiva y ahora ya es historia de la música.

Maravillas musicales como “Breathe” o el archiconocido single “Money” funcionan por sí solas, pero para mi siguen careciendo de sentido si no las escucho en su contexto del álbum.

Podría hablar durante horas de este disco, dar mi parecer sobre cada tema e incluso analizarlo en cierto sentido, pero parecería que quiero aleccionar y siempre me molestó que me intenten hacer comprender el arte de una manera concreta y no pienso hacerlo yo con los demás, porque creo que, cuando el arte es arte, a cada ser le afecta de una manera única y así debe ser.

Podríamos ahondar en la evolución de la banda hasta grabar este disco, en su evolución posterior al mismo, o inmiscuirnos en las miserias de la banda para comprender mejor todo lo que esta obra maestra esconde, pero creo que no es necesario. Yo no sabía nada de eso la primera vez que lo escuché y creo que fue cuando más lo disfruté.

Yo os recomiendo, sencillamente, invertir 43 minutos de vuestra vida. Sentados frente a vuestro equipo de música o con unos buenos auriculares. A ser posible en la noche, cuando os rodee el silencio. A un volumen suficientemente potente. Cerrad los ojos y dejaos llevar a donde vuestra mente y vuestro entendimiento quieran.

Posiblemente después de escucharlo no os quedará más remedio que escuchar otras maravillas de estos señores como el “Wish you were here” o “The Wall”, este último alcanzando ya el concepto de álbum total, incluyendo la película del mismo, dirigida por otro mindundi, el señor Alan Parker.

A mi este disco me cambió mi manera de entender la música y su contenido me enseñó cosas fundamentales en la vida.

A veces pienso que todo lo que necesito saber sobre la vida está en el “Dark Side of the Moon” y en “ El Padrino”… jejeje.

Hala, a disfrutarlo lechones.

He dicho.

PD: Un inciso antes de irme, para aquellos que dicen que la música buena no es comercial, justificando así la saturación de basura en el mercado musical actual, les diré que este disco se mantuvo en la lista Billboard durante más de 17 años y que, por lo visto, es el disco más vendido de la historia por detrás únicamente del “Thriller” de Michael Jackson, que tampoco es malo del todo. Así que a ver si nos callamos la boquita.

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